Como os he contado en mi post anterior una de mis aficiones es la lectura. Desde pequeña (y no es que ahora sea muy grande) han pasado por delante de mis ojos algunos libros. No sabría decir cuál de ellos me ha gustado más o menos, aunque puedo asegurar que todos me han hecho aprender cosas. Y lo que me queda.
Hace no mucho tiempo a un generoso lector se le ocurrió recomendarme un libro de literatura fantástica. Confieso que como ignorante que era del género mi reacción fue de chulería suprema: "esas chorradas de inframundos, castillos y demás leches no están hechas para mi". El hombre paciente insistió en su recomendación. El resultado fue que me tragué la saga entera y lo peor es que rezo todos los días (a pesar de mi alergia por los hombres de negro que acumulan tesoros) porque no se muera el cabrón del autor sin dejar la historia terminada.
Ya no he vuelto a repetir "de esta agua no beberé" ni "este cura no es mi padre" porque siempre está ahí la soberbia dispuesta a darte un zas en toda la boca.
Además de mi recién adquirida humildad respecto a algunos géneros literarios, siempre he disfrutado de las encuadernaciones, los olores a papel de las bibliotecas y librerías antíguas o nuevas. Son sitios en los que puedo perderme con facilidad y en los que puedo invertir pasta sin pestañear.
Hoy me propongo compartir con vosotros una historia sobre los libros que me resulta curiosa, ahora que está tan de moda la propiedad intelectual, la SGAE y la costumbre de poner un número de serie a todas las personas humanas para ir al médico, para matricularse en un curso de CEAC o para comprar un kilo de filetes en el supermercado.
Hace ya bastantes años los coleccionistas de libros ponían a sus obras una marca (normalmente en forma de etiqueta o sello) en la cubierta o en el reverso. Se les llama "ex libris"(en cristiano:"de entre los libros de"). Esas marcas que identificaban al propietario sin ningún género de dudas podían estar hechas con lacre, a mano, grabadas, con lemas, alegorías, temas, colores, tintas y métodos de lo más variado. Existe toda una cultura de los ex libris, algunos de ellos de extraordinaria belleza. Echad un vistazo en google si os apetece.
Como homenaje a los artistas que antaño hacían esos sellos he decidido subirme al carro y apropiarme descaradamente (y sin pagar a la panda esa de ladrones) de una frase de Heinrich Heine y usarla como mi ex libris particular:
“Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.
Ahí os queda esa!
Y gracias David, aunque te odie.
Escuchando: cariño, pero cuándo me vas a dejar leer lo que has escrito?
Tiempo: un frío del carajo y no me preguntéis por los grajos
Temperatura: 13 ºC? no me lo creo...
Humedad relativa: 450%
Presion:1016 HPA
Urbano Manizales Marcelo Gutierrez
Hace 1 semana
En rojo (rojo auris) las provincias donde Auris (el puto bicho) poso sus ruedas
1 histéricos comentarios:
Sí, yo también rezo todos los días para que Gerogie no se muera sin terminarlos pero teniendo en cuenta que cada libro le lleva 5 años, le quedan más de 2 por escribir y no es lo que se dice un jovenzuelo... no tengo muy claro que lo llegue a conseguir.
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