La (histérica) frase del dia


...a mi me importa un carajo q os caseis o no os caseis o lo q os dé la gana, yo lo q quiero es q traigais algo q de por culo de vez en cuando, cohone!

Papi insinuando suavemente q quiere ser abuelo

La histeria del lunes 30 de noviembre de 2009

Con lo bien que estaba yo a la sombra...

Quizás para comenzar debería saludar a todos los lectores de este blog que, día a día y año tras año va elaborando con tesón, paciencia y mucho buen humor el habitante número 1 del psiquiátrico.
Mi labor hasta ahora se ha limitado a ejercer de señorita Rotenmeyer de la ortografía, estructura y redacción de este magnífico trabajo de mi loquito, pero el tío ha decidido meterme hasta el fondo.
El pobre iluso cree que tengo talento pseudoliterario (cosa que no es verdad y de la que os dareis cuenta muy pronto). Total, que por no oirlo me he puesto delante del ordenador para hacer algo más que trabajar, leer mails, jugar a las guerras en el ogame (recomendado para enfermos de estrés como servidora) y otras polladas varias.
No espéreis que os vaya a contar grandes aventuras, la cláusula de confidencialidad que me ha hecho firmar mi jefe me impide hablar de las histerias de mi trabajo (y os aseguro que os reiríais mucho con algunas anécdotas). Tampoco vais a leer un trabajo literario de primer nivel (sólo soy una humilde, aunque voraz lectora) y el talento en este blog, insisto, lo pone su dueño legítimo.
Así que nada, recién salida de la sombra intentaré por el amor que le profeso a mi compi de celda charlar con todos vosotros.

Gracias a todos por estar ahí.
Y después de tanta formalidad ... dejad algún comentario, coño!!! que sois una panda de vagos!!!


Escuchando:
A alguien silbando una canción y diciendo "quiero ver ya lo que has escrito!"
Tiempo: Un asco: día oscuro, chaparrones varios y frío (Santiago y su esencia)
Temperatura: 6 °C (aunque servidora diría que hay -14)
Humedad relativa: toda y una poca más (exportamos a quien lo necesite)
Presion:1019 HPA

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Nunca, ni siquiera en los peores momentos, me han faltado dos manos dispuestas a ayudarme:
siempre las encontré al final de mis brazos.